martes, 5 de mayo de 2009

Hágase la luz!

Hágase la luz...

Mi familia y mis amigos quedaron atrás. Me embarqué, no se en que momento, en un tren que pasó veloz por mi lado y al que terminé enganchado en cuestión de segundos... Creo que ni tiquete pagué... El tren que pasó relativamente despacio, fue adquiriendo más y más velocidad y cuando paraba en alguna estación lo hacía por tan poco tiempo, que no alcanzaba a bajar mis cachivaches y apearme. Quizás siempre tuve la esperanza de que obedeciera a un circuito y que pronto regresaría al punto de salida, pero que va. El tren se alejaba cada vez más y más y yo, resignado a su frenética velocidad, armé un cambuche lo más de bonito en uno de sus vagones... Y estoy lo más de contento...

A este tren se subió Hilda. Mi Mujer. Ella llegó con su orden y ternura casi un año después de que me trepé en este armatoste y con su paciencia y amor terminó de arreglar el vagoncito. Bueno, eso de arreglar, es un decir, por que esto es más bien un barril sin fondo, al que le cabe de todo. El caso es que está cada vez más bonito y huele más a casa.

Al vagón le construimos un cuartito, por que ya casi llega María José. Nuestra hija. Afortunadamente en este tren los niños no pagan. Lo que no sé es como se va a subir, por que justo ahora vamos como a trecientos por hora y salvo que caiga del cielo o que el tren pare un ratito, le va a ser difícil montarse. Pero los niños de hoy son muy inteligentes y ella seguro encuentra la forma de hacerlo. De todas formas estamos chochos con su llegada.

La sensación que me produce estar montado en este tren es muy chistosa, por que a pesar de que vamos tan rápido, vamos siempre a velocidad constante. La carrilera está de concurso: perfectamente bien diseñada y uno no siente la velocidad. A veces creo que estamos parados y no es si no que saque la cabeza por la ventana para ver solamente manchas borrosas. ¡Vamos a mil! Claro que hay otras posibilidades: que el tren se haya parado y que lo que va rápido sea todo lo demás, o que el tren vaya en contravía... Que va a saber uno. Mejor no profundizo en el tema por que termino angustiado fastidiando a la pobre Hilda, que es una brújula. Ella si sabe para donde vamos.

Últimamente comencé a sospechar que el bendito tren si seguía un circuito, pero parece que es de muy amplio radio. Y yo que creía que íbamos en línea recta. Cada vez identifico mejor elementos familiares que me recuerdan a la estación inicial. Y después de tres años y dos meses, a semejante velocidad llegó el momento de tomar decisiones: Me bajo, cambio de ruta o sigo en él. El problema está en que cuando la vida va tan rápido y lo que hay que definir es tan importante, uno necesita elementos de juicio para decidir. Y ese es el problema.... No hay elementos de juicio... Tocó apelar al famosísimo juego de "Tin marín de dos pingüé"...

¿Quien me mandó a estudiar Ingeniería? Nadie... Y hay que ver lo que produce la incertidumbre en la cabeza de un ingeniero... ZUMBIDO CEREBRAL...